Un Macondo ibérico para narrar la Guerra Civil desde el realismo mágico
Entrevistamos a David Uclés a propósito de su novela La península de las casas vacías, como el proyecto literario que lo ha acompañado durante toda su vida adulta. Comenzada a los 19 años y publicada más de una década después, la novela nace del deseo de construir “una especie de Macondo íbero” con el que narrar, desde el realismo mágico, la herida más profunda de la historia reciente de España: la Guerra Civil.
El autor explica que la ambición del libro era doble: por un lado, levantar un gran fresco narrativo que recorriera toda la península; por otro, abordar la memoria histórica desde una mirada que rehúye el juicio ideológico. “No quería ser neutral, sino objetivo”, afirma, subrayando que la novela busca devolver la historia al lector sin simplificaciones ni consignas.
En ese sentido, el territorio no es solo un escenario, sino el verdadero protagonista del relato. “Probablemente la península sea el personaje principal”, señala Uclés. Gracias a la beca Leonardo de la Fundación BBVA, el escritor recorrió más de 25.000 kilómetros siguiendo los pasos de sus personajes, visitando los lugares donde se produjeron algunos de los episodios más crudos del conflicto. Ese viaje transformó el mapa físico en “un mapa emocional, histórico y bélico” que atraviesa toda la novela.
Uno de los ejes centrales del libro es la voluntad de mostrar el sufrimiento de todos los civiles atrapados en la guerra. Uclés insiste en que quiso incluir “todos los traumas que yo viví al investigar la guerra”, de modo que cualquier lector pueda encontrar en el texto su propio duelo. Por eso, afirma con rotundidad: “Cuando hablamos de muertos, ya no pienso en qué ideología tenían; lo humano está por encima de eso”.
La recepción del libro ha sido progresiva y profundamente ligada al contacto directo con los lectores. Durante 2024, el autor recorrió casi todas las provincias españolas, participando en clubes de lectura y presentaciones en pueblos pequeños. “No hay ninguna estrategia maquiavélica para que un libro sea famoso”, afirma. “Esto ha sido puro boca a oreja”. Un esfuerzo que, reconoce, pasó factura física, pero que consolidó una relación muy cercana con los lectores.
Uclés también reivindica sin complejos la etiqueta de realismo mágico, largamente cuestionada por editores durante años. “Durante quince años me rechazaron el manuscrito, sobre todo por el realismo mágico”, recuerda. Frente a quienes lo consideran una etiqueta difusa, el autor es tajante: “Existe, tiene rasgos claros y además es diferente del realismo mágico europeo”. En su caso, defiende una poética donde lo fantástico convive con lo cotidiano sin asombro, integrada de forma natural en la vida de los personajes.
Esa misma mirada atraviesa su otra novela, La ciudad de las luces muertas, una “carta de amor a Barcelona” en la que, durante un apagón total, confluyen todas las 'Barcelonas' del pasado, del presente y del futuro. Escritores, artistas y edificios desaparecidos vuelven a la vida para intentar devolver la luz a la ciudad, en una poderosa metáfora sobre la necesidad de claridad en tiempos oscuros.
De cara a los próximos meses, Uclés se prepara para su primera gran gira americana, con paradas en Guadalajara, Bogotá, Buenos Aires y Nueva York. Confiesa hacerlo con cierta aprensión —“nunca he cruzado el charco”—, pero también con entusiasmo por dialogar con los lectores latinoamericanos sobre un género que considera plenamente vivo. “El realismo mágico no es un movimiento muerto”, afirma, convencido de que aún tiene mucho que decir.