El bordado como poesía: Gimena Romero invita a leer el mundo con las manos
8/6/26. Entrevistamos a Gimena Romero, artista y escritora de Ciudad de México en el marco de su participación en Casa de América en el Festival LEER Iberoamérica para hablar de poesía, arte y bordado. Para Romero, el bordado “tiene su propio idioma”, aunque ese idioma no sea verbal: “sería el silencio”.
Ese silencio, dice, es el espacio necesario “para que un poema pueda ser poesía”, para que exista ritmo y para sostener la vida.
Su obra entiende el hilo como una forma de memoria: “el hilo habla solo de una cosa: el hilo habla de la bordadora”.
A través del bordado, los territorios dejan de ser fronteras artificiales y se convierten en “espacios vivos” que suceden cuando se comparten.
Romero defiende que las técnicas ancestrales solo permanecen vivas si se actualizan: “no tiene sentido que sigamos bordando al estilo victoriano en un mundo que ya no es victoriano”. Para ella, bordado y poesía comparten ritmo, luz y “silencio fértil”, porque lo que aparece sobre la tela es la evidencia de que “algo sagrado sucedió en la creadora”.
Frente a una lectura limitada a la palabra, reivindica leer también con las manos: el bordado llega a lugares “que ni siquiera necesitan ser nombrados”. Así, cada puntada hacia fuera es también una puntada hacia dentro, allí donde la palabra ya no alcanza.